Español  /  Inglés
Facebook Twitter
La (auto)destrucción traductoril

La (auto)destrucción traductoril

El principal problema que tenemos nosotros, los traductores, es que no vemos nuestra profesión como un negocio sino como un club social. No tenemos recelo en compartir nuestras capacidades y creemos que eso nos hace mejores y dejamos de lado aquello de que “la caridad entra por casa”.

¿Qué hace que una traducción sea mejor que otra, o que un traductor sea mejor que otro? Todos los traductores medianamente capacitados pueden traducir las frases triviales y de baja dificultad de cualquier documento, las cuales representan, por decir algo, el 75% del trabajo. Es en el restante 25% en el que la capacidad, la formación cultural y profesional, el ingenio y los recursos hacen la diferencia.

¿Pero qué ocurre? Que en foros públicos los traductores compartimos sin recelo nuestras capacidades con nuestros colegas. Cualquiera puede hacer una traducción aceptable si las frases difíciles las puede consultar con un pool de traductores altamente capacitados. A las listas de correo y foros llega cualquiera, hace una pregunta y todos nos matamos por ayudar al colega. Sí, es un colega, pero es también un competidor.

El caso más patético es la sección Kudoz de Proz.com. En las consultas de Kudoz aparece una cifra arriba a la derecha llamada “Q/A”. Es la razón del número de preguntas hechas entre las contestadas. ¡Hay colegas que han hecho cientos de preguntas y no han contestado ninguna! Creen que no tienen que retribuir, si es que están capacitados para ello. En realidad, a nadie le importa; siempre hay decenas de colegas que saltan en su ayuda. Hay casos en los que un colega del grupo “200+/0″ hace treinta y más preguntas elementales sobre un mismo trabajo, lo que demuestra que no está capacitado para hacerlo, pero con la ayuda del pool de colegas lo saca adelante. Sí, el trabajo casi con seguridad es mediocre, pero al cliente final probablemente no le importe, si es que tiene elementos de comparación y si está en capacidad de apreciar la diferencia. Pero lo que nos afecta a todos es que muy probablemente pagó poco por él: se refuerza la percepción de que traducir lo hace cualquiera.

Además, a lo mejor mañana la base de datos de Kudoz se la venden a una compañía que haga traducciones por computadora. Esto quiere decir que estaríamos sembrando nuestra propia destrucción a corto o mediano plazo. ¿Alguien ha preguntado a los dueños de Proz de quién es la base de datos de Kudoz?

Esta actitud no sólo se observa en la búsqueda de terminología: en los recursos técnicos ocurre lo mismo. Pasamos horas y horas investigando o desarrollando un workflow para hacer un trabajo que no es nada trivial. Y en cuanto alguien pregunta “cómo se hace” le contamos todo con lujo de detalles. El colega, que a lo mejor está compitiendo por el mismo trabajo que tú, resuelve en minutos lo que al que hizo el trabajo duro le costó horas. Y hay pocas actividades en las que el costo de oportunidad de las horas sea más importante que en la de traductor.

Tiene que haber más recelo y más quid pro quo.

Además, nos regodeamos hablando públicamente de las tarifas bajas de aquí y de allá. Son cosas que en cualquier negocio se hablan en privado. Pienso que no se debería hablar de tarifas bajas en foros en los que hay agencias y quién sabe si clientes finales también. Cuando alguien menciona que acepta una tarifa dada (muy baja), aumenta la presión en todos para que bajemos las nuestras, que ya están a niveles de subsistencia.

Con eso no digo que la información no debe circular a los fines de proteger nuestra profesión, sólo que hay que ser muy cuidadoso en lo que se dice “para afuera”. Son cosas básicas de los negocios, que por alguna razón son ajenas al mundo de los traductores y se perciben en muchos casos como hostiles.

Los responsables del descenso en las tarifas somos en gran medida los traductores mismos. La única manera de que haya aventureros pescando traductores buenos, bonitos y baratos es que éstos estén dispuestos a que los pesquen. Díganme si la pequeña tienda de víveres que queda tan cómodamente cerca de sus casas publica en su cartelera las ofertas del gran automercado que queda lejos.

Queremos creer que estamos por encima de esas pequeñeces y no, no lo estamos.

Nuestro trabajo es cada vez peor pagado y más menospreciado. Muchos creen que la computadora lo hace por nosotros. Y mientras la sociedad en general nos menosprecia, nos creemos unos maestros artesanos como los del Renacimiento y que hacemos maravillas que la historia va a apreciar. Nuestros logros son casi en su totalidad privados. Para la mayoría somos poco más que unos clerks.

Es necesario entender el porqué del deterioro y cómo revertir el proceso. Pero no parece haber un sentido de urgencia sino una masoquista complacencia y un regodeo en sentirnos víctimas. Sí, somos los peces chicos del estanque, pero sin duda tenemos muchas acciones a nuestro alcance. Lo que ocurre es que el común de los colegas las rechaza hostilmente.

Ing. Pablo Roufogalis L.
proufogalis@techxactitude.com

Imagen: www.sxc.hu

 

Los contenidos de esta sección no reflejan necesariamente la posición de CONALTI

Un comentario a “La (auto)destrucción traductoril”

  1. Isabel Sacco Pérez-Sosa dice:

    Creo que uno sabe cuando alguien pretende que otros le hagamos la tarea, o aprendemos a identificarlos. No veo nada de malo que ayudar a los colegas con sus dudas y preguntas; es más, uno siempre aprende de esos intercambios, pero cuando las partes hacen su tarea (investigan, leen, buscan, cuestionan).

Comentar