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Atravesar fronteras

La RAE surgió en 1713 con un difícil objetivo: fijar las voces y los vocablos de un idioma tan rico como es el castellano. Sin embargo, con el correr del tiempo, el lenguaje sufre modificaciones; evoluciona. Y es ahí cuando la tarea de la RAE se torna aun más difícil.

El diccionario de la RAE es una gran herramienta para quienes deseen conocer el significado de una palabra y es, además, un gran apoyo para el traductor a la hora de hacer llegar a los destinatarios de un texto su mensaje de una manera clara y concisa.

Debido a la evolución del lenguaje, hay muchas palabras que se agregan o cambian de ortografía. Y es ahí cuando nosotros, los traductores, entramos en duda: ¿nos adaptamos al cambio y hacemos llegar el texto a los receptores de la manera más clara, o simplemente usamos la palabra como mejor suene o incluso buscamos una palabra mejor y si no existe recurrimos a los extranjerismos?

Hoy en día, los traductores solemos criticar plenamente los cambios que impone la RAE y caemos en extranjerismos que, de alguna manera, terminan siendo adoptados y entendidos por la mayoría de las personas.

Y es cierto. Se puede decir que el uso del extranjerismo es una técnica de traducción muy generalizada. Con la globalización, cuando los traductores recurrimos al campo de la informática, por ejemplo, nos encontramos con muchos extranjerismos. Entre ellos, se pueden nombrar las palabras que comúnmente aparecen a diario en el campo de la informática: chat, bluetooth, web, blog, link.

No obstante, los traductores solemos evitar el uso de préstamos. Y es ahí cuando más interrogamos a la RAE. A nosotros, nos parece horrible ver escrita, por ejemplo, la palabra “gánster” (del inglés gangster), e incluso escuchar pronunciarla. Y es ahí cuando los traductores nos olvidamos del público general y recurrimos al extranjerismo sin importar lo que la RAE ordene.

Parece que estamos más interesados en embellecer el texto meta que en hacer comprender de qué se está hablando a aquellos que lo reciben.

Por último, no debemos olvidar cuanto hemos criticado la elisión de los acentos ortográficos en monosílabos. Y sí… Es difícil acostumbrarse a no poner el acento ortográfico después de ponerlo durante tantos años, y quizá nunca lo lograremos, o quizá nos lleve demasiado tiempo adaptarnos al cambio, pero debemos recordar el único objetivo de la RAE.

Cuando traducimos al español, no importa si caemos en el uso de los préstamos o los extranjerismos, si colocamos el acento ortográfico en los monosílabos o no, lo que realmente interesa es hacer llegar a los lectores el texto de manera clara para que cualquier persona, sin importar las diferencias sociológicas y cronológicas, pueda comprender el texto.

Por otra parte, sin olvidar el único objetivo de la RAE, los traductores deberíamos dejar de criticar todos los cambios que se llevan a cabo. Tenemos un idioma muy rico. De hecho, mucho más rico que el inglés. Y creo que es hora de demostrarlo. ¿Por qué en lugar de decorar el texto con notas del traductor para que sea más claro el mensaje, no intentamos escribir con las hermosas y bellas palabras que tiene el español?

Paulina Cardinale

pauchimpaz@hotmail.com

 

 

Los contenidos de esta sección no reflejan necesariamente la posición de CONALTI

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