por Isabel Sacco
Se afirma que existen más de 7 000 idiomas en el planeta. Sin embargo, se hablan tantas lenguas como identidades, ya que cada persona modela su propia forma de expresarse, de sentir y de percibir la realidad. Bajo esta premisa, en el Día Internacional de la Traducción celebramos una verdad fundamental de nuestra profesión: traducir es un acto de comprensión profunda de cada universo individual.
Este oficio suele percibirse como un puente, cuando en realidad funciona más bien como una lente que enfoca y da nitidez. Dominar los códigos de una lengua es solo el punto de partida, puesto que nuestra labor implica trasladar identidades, contextos y sensibilidades colectivas.
Quienes nos dedicamos a la traducción vamos mucho más allá de buscar equivalencias idiomáticas. Nuestra labor exige una escucha atenta, una intuición entrenada y una empatía cultural rigurosa para trasladar distintas formas de ver la vida. Consiste en descifrar el subtexto, los silencios deliberados y los matices infinitos que dan sentido y textura a cada enunciado. Es un trabajo que exige un equilibrio constante entre precisión técnica y flexibilidad creativa.
Asumimos la responsabilidad de transformarnos en la voz de otra persona, respetando su intención original y recreándola para que resuene con naturalidad en quien la recibe. Es un ejercicio de mediación donde se cuidan los más mínimos detalles para que el mensaje conserve su esencia y su relevancia, sin importar la distancia geográfica o temporal.
El arte de traducir exige que quien traduce ceda protagonismo a la voz y al espíritu del texto original, sin volverse invisible. La traducción es un acto de coautoría; quien traduce no se esconde. Al contrario, cuando leemos una gran traducción, lo que percibimos es una maestría silenciosa: ese rigor, ese cuidado milimétrico y esa sensibilidad para hacer que lo ajeno se sienta propio. El mismo Haruki Murakami ha reconocido públicamente que su proyección internacional se la debe por entero a sus equipos de traducción, profesionales que han hecho que sus obras renazcan y cobren nueva vida en otros idiomas.
Hoy en día, los macromodelos lingüísticos automatizan la sustitución de palabras a gran velocidad, pero carecen de la capacidad para interpretar la ironía, el doble sentido, la carga emocional de una frase o la elocuencia de las pausas. El factor humano sigue siendo indispensable para garantizar una comunicación verdaderamente inclusiva, accesible y respetuosa de la diversidad.
En este Día Internacional de la Traducción, felicitamos a la comunidad profesional que dedica su talento, su rigor y su sensibilidad a hacer que un mundo de más de 7 000 idiomas se descubra y se sienta un poco más cercano y comprendido.

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