Las abuelas siempre han tenido razón

Foto: Sofi Franchella
por Isabel Sacco

El refranero venezolano sirve para la vida… y resulta que la sabiduría  criolla entiende nuestro oficio mejor que muchos clientes. Quienes nos dedicamos a la traducción y a la interpretación profesional nos encontramos a diario con situaciones que nuestras abuelas ya sabían resumir con la genialidad de sus refranes.

«El que cambia coroto por perol, pierde el vuelto»

Pasa todo el tiempo. Un cliente decide ahorrarse dinero confiando la traducción o la interpretación a una IA gratuita, sin posedición o sin control de calidad profesional. La ilusión de ahorrar costos suele traducirse en errores graves y procesos de corrección mucho más costosos. Lo barato, al final, siempre sale caro.

«Una cosa es llamar al diablo y otra verlo llegar»

Decir «sí, claro, yo domino el tema» y comprometerse a traducir un documento técnico o a interpretar una conferencia sin revisar antes la extensión, los glosarios o el grado de especialización es un riesgo innecesario. La preparación previa no es manía; es la única forma seria de trabajar.

«Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa»

No todas las tareas son iguales, y querer equiparar la traducción de un archivo complejo o una jornada entera de interpretación simultánea con un favor rápido invisibiliza el esfuerzo real. Traducir e interpretar son disciplinas distintas que exigen años de estudio, investigación constante y estrategias de trabajo que varían según el encargo.

«Águila no caza moscas»

Negociar tarifas de pánico porque el texto es «cortito, repetitivo, sencillo, etc.» o aceptar plazos de pago desproporcionados solo precariza nuestro ejercicio profesional. Cuidar el oficio implica establecer límites firmes frente a condiciones desfavorables, dedicar tiempo a clientes que reconozcan la calidad del servicio y no negociar jamás desde la desesperación.

«Amor con hambre no dura»

Trabajar por tarifas pírricas o arrancar proyectos gigantescos sin recibir un anticipo por miedo a perder al cliente compromete la viabilidad del trabajo y afecta la relación comercial. El profesionalismo se demuestra al fijar condiciones transparentes que garanticen la sostenibilidad de la labor y el bienestar de quienes la realizan.

Al final, las abuelas siempre tienen razón y su refranero sigue vigente hoy. Si se quiere indagar más en esta riqueza léxica, vale la pena consultar el Diccionario de Venezolanismos (1993) de María Josefina Tejera, disponible en: https://saber.ucv.ve/jspui/handle/10872/2033.

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