«Los errores de traducción en Netflix son un reflejo de las malas condiciones de sus profesionales y el abuso de la traducción automática»

Por Bárbara Bécares

Diversas polémicas recientes de Netflix han puesto sobre la mesa la calidad (o mala calidad) de sus traducciones en ciertos momentos y los traductores profesionales han decidido alzar la voz al respecto y mostrar qué hay detrás de los errores. Primero, con el gran último éxito de la plataforma, «El juego del calamar«, un tiktoker coreano dijo que el diálogo estaba muy bien escrito pero que en la traducción a inglés no se había conservado nada de él.

Más aún, hace unos días descubrimos que en la serie sobre el cantante Luis Miguel que está reproduciendo Netflix, se dio un tremendo error en la traducción desde una expresión común andaluza. En la línea de diálogo subtitulada un personaje decía así: «I’m sorry, this is my weapon». Es decir, «Lo siento, esta es mi arma». El problema es que la frase en cuestión en el español original es «Lo siento mucho, ‘mi arma'», lo cual cambia enormemente el significado de la conversación.

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Todo esto ha desvelado que una plataforma de películas y series tan inmensa como es Netflix no siempre usa a profesionales de la traducción para esta labor (y tira de máquinas) y que, además, las condiciones de trabajo que enfrentan los traductores en España son bastante precarias.

Genbeta ha hablado con una traductora (prefiere mantener su nombre en el anonimato) que ofrece sus servicios a Visual Data, una subcontrata socia de Netflix en España, y con Iris C. Permuy que es vicepresidenta de ATRAE, Asociación de Traducción y Adaptación Audiovisual de España, para conocer más a fondo quién está detrás de las traducciones de los contenidos que consumimos en Netflix.

Plazos de entrega apurados y poca estabilidad

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En el año 2019 ya analizamos desde Xataka cómo en la época dorada que vive el sector audiovisual de la mano de Netflix, HBO o Amazon Prime también encontrábamos más presión y precariedad en el sector. En especial por los plazos de entrega y los altos porcentajes económicos que se llevan los intermediarios. Ahora, dos años más tarde y tras una pandemia que impulsó el número de usuarios de estas plataformas, lo que describen los trabajadores sigue siendo similar.

La traductora profesional y con un gran bagaje a su espalda en el sector con la que hemos hablado, que trabaja para Visual Data, explica que para acceder la empresa realiza pruebas, una especia de convocatorias abiertas, en las que quienes participan deben traducir unos minutos de un capítulo de una serie. Esta prueba no es pagada.

Tras esto, las personas seleccionadas pasan a ser trabajadoras autómonas y con unas condiciones de trabajo que no les asegura un ingreso estable, como sucede a menudo en los empleos que ofrecen ciertas webs para freelancers que actúan de intermediarias. «Hay semanas que hay muchos proyectos o proyectos muy grandes, y luego hay momentos en que hay puntuales o ninguno», explica la entrevistada.

Hasta hace poco, los proyectos se asignaban a modo subasta. Los profesionales recibían un mail diciendo lo que la empresa necesitaba, y los primeros que escribían se lo quedaban. Lo que les llevaba a tener que estar siempre atentos a su mail.

Ahora funciona igual, pero se han formado equipos más reducidos. La empresa intemediaria envía «al equipo un mail listando el o los proyectos y el número de capítulos que hay que traducir o corregir, cada profesional responde con su disponibilidad, diciendo cuántos capítulos puede asumir y en función de eso se le asignan ciertas labores. Las deadlines a veces son muy cortas, otras no tanto y cada uno decide si lo acepta o no.

En cuanto a los pagos, la traductora profesional ha firmado un convenio donde se le prohíbe desvelar esta información. Y desde la organización ATRAE, Iris C. Permuy explica que la Ley de Competencia no permite compartir ese dato sobre las tarifas. Según la vicepresidenta, «a los traductores autónomos se nos considera empresas y, por tanto, hablar públicamente de tarifas, sobre todo desde el seno de ATRAE, se considera un intento de pactar tarifas y nos podrían multar con hasta cinco cifras».

Traducciones automáticas poseditadas

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Además de los profesionales de la traducción, desde ATRAE afirman que saben que empresas subcontratas de Netflix (y de otras plataformas como Amazon Prime) usan tecnología que realiza traducción automática que después los trabajadores editan. Y por muchas tecnologías avanzadas que se usen para realizar traducciones, no llegan al nivel de un profesional del sector. Desde ATRAE aseguran tener fuentes que han confirmado estas prácticas.

«No es Netflix quien usa esta tecnología para ahorrarse la contratación de servicios de traducción, sino algunas de las empresas intermediarias con las que Netflix colabora. Netflix tiene traductores propios para una parte de su oferta audiovisual, pero subcontrata a agencias de traducción para otra parte de sus productos».

Para Isabel C. Permuy la tecnología debe ser «un apoyo para hacer nuestro trabajo más eficiente y de calidad. Sin embargo, si se sustituye al traductor humano y se salta directamente a la posedición de traducciones generadas automáticamente, primero, se está eliminando un puesto de trabajo y, segundo, se está poniendo en peligro la calidad. Una máquina no es capaz de diferenciar, por ejemplo, el género gramatical de un diacrítico o una marca de formalidad del inglés al español. No puede imprimirle personalidad a los personajes. Va a perderse ironías, juegos de palabras, dobles sentidos, guiños culturales, intertextualidad. Una máquina solo va a encontrar los equivalentes literales, nunca soluciones creativas al texto».

Como dice la vicepresidenta de ATRAE, la traducción va mucho más allá de trasladar una palabra de un idioma a otro. Hay intenciones, tonos, subtexto, matices. «Un guionista pasa meses, a veces años perfilando cada línea de diálogo, ¿qué nos hace pensar que una máquina va a ser capaz de plasmar ese mismo esmero en la traducción? Según la experta, ya que no se trata del futuro, no estamos ante un avance que va a hacer nuestras vidas mejores y más sencillas, sino ante una falta de respeto a nosotros como traductores, a los creadores del producto original y, sobre todo, al consumidor, que por abaratar costes recibe productos de cada vez menor calidad».

Cuando para un texto se usa producción automática, el poseditor puede llegar a cobrar hasta un tercio de la tarifa. Mientras, el traductor se encuentra con una traducción plana y plagada de errores pragmáticos, por lo que para que el producto final tenga sentido hay que invertir mucho tiempo o incluso retraducir, según recuerda Permuy.

Además, al poseditar la traducción automática el poseditor está alimentando a la máquina, entrenándola, de modo que esta tarea no solo no debería ser más barata que la traducción, sino bastante más cara, puesto que se está ofreciendo el servicio extra de incorporar mejoras a una tecnología pensada para eliminar el rol del profesional en la traducción.

Propuestas para mejorar las condiciones de los profesionales

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ATRAE propone a los usuarios a que, cada vez que vean una traducción de mala calidad, se lo hagan llegar a la plataforma (en Netflix, por ejemplo, haciendo clic en la banderita de la esquina superior derecha durante la visualización). «Es la única manera de que desde los grandes del audiovisual se percaten de la importancia de una buena traducción e inviertan en ello», considera Permuy.

Por su parte, los traductores profesionales también podrían tomar ciertas medidas. En España tienen el obstáculo de la Ley de Competencia, según la vicepresidenta. Ella considera que «hasta que esta legislación cambie, la única solución es que las agencias, estudios y plataformas apuesten por la calidad en vez de por la calidad y el abaratamiento de costes; que tomen ejemplo de nuestros vecinos franceses, que ofrecen plazos mucho más distendidos respaldados por unas tarifas mucho más dignas.

Esto pasa porque los propios profesionales del sector se planten ante tarifas y plazos abusivos; algo que, si bien no siempre es realista» hay que buscar fórmulas para que sea cada vez más factible. ATRAE también considera urgente que los profesionales de la traducción rechacen la práctica de la posedición.

Fuente: Genbeta.com

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